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​Viajar con nuestros niños — Traveling with our children

Los niños reaccionan durante el viaje de una forma muy diferente a lo que esperábamos. 
Creíamos que Rubén vería todo con mucho entusiasmo y que, como pasaba durante nuestras excursiones en bicicleta, caminaría incansablemente durante las excursiones. También pensábamos que Rosa se cansaría en seguida, y que habría que estar animándola a dar el siguiente paso.

Nada más lejos de lo que está ocurriendo en la realidad. 

Cuando salimos de viaje, Rubén parece no estar dispuesto a hacer nada. No quiere caminar, antes de salir de excursión nos hace prometerle cuánto tiempo caminaremos (y ¡cuidado! si será una hora o más). Una vez en la ruta sólo mostrará interés por el entorno si encuentra algún animal o, al menos, alguna piedra interesante. Tampoco quiere ir en coche mucho tiempo y, con frecuencia, en realidad no sabe qué querría hacer durante el tiempo en el que no estuvieramos caminando ni yendo en coche en el caso en el que hiciéramos caso a sus quejas. Casi cada propuesta es recibida con un NO y un gimoteo.

Sin embargo, Rosa camina sin quejarse, sin cansarse aparentemente y contenta si va de la mano de un adulto o jugando con su hermana. Asume los viajes en coche con resignación e incluso con ganas si mientras tanto puede escuchar cuentos en la radio.

Rebeka va en la mochila porta-niños a la espalda de su padre si la excursión es larga, pero se anima de vez en cuando a caminar por su propio pie, porque así se siente muy mayor, y porque quiere dejar huellas preciosas en el suelo. 

Cuando se trata de acampar, las diferencias también son enormes. 

Rosa encuentra en todo esto un único problema: que a veces hay bichos, y que le pican los mosquitos (lo cierto es que está llena de picaduras). Acude al baño ella sola en la oscuridad, solo esperando que no tendrá que estar sola en ese recinto lleno de espacios tapados con cortinas o puertas detrás de las que no se sabe muy bien qué saldrá (¿una araña tal vez?). 

Rubén se niega en redondo y con gran estruendo a recorrer él solo el camino de 2 minutos que separa nuestra tienda del baño. Una vez allí, no se encuentra a gusto si hay algún hombre dentro. Sólo iría al baño si es acompañado de su padre. 

 

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During this trip our kids behave in a way very different than we expected. 

We thought Ruben will see everything with enthusiasm and that he will walk tirelessly during the hikes, as it happenned during our biking trips back in Poland. We also thought that Rosa was going to be tired after few hundreds of meters and that we where going to need extra motivational effort to keep her going. 

But what is really happening is that Ruben doesn’t want to walk. He doesn’t want to go in the car long distances either. Also, frequently he doesn’t even know what he would do if we are not walking or travelling in the car. But nearly every proposition is answered by a NO and some whining from his side. He would ask even before leaving the car how long will the hike be and he will not be content if we say that it may take one hour or more. Once in the track, he would walk apathetically, controling the time on his watch and showing some interest only when some animal appears… or when he finds a nice rock. 

Howeve, Rosa walks firmly, tirelessly, happy if she is holding hands with daddy or me, or when she is taking care of her younger sister. In the car, she will assume the long trip with resignation, but better if she can listen some read book from the radio. 

Rebeka doesn’t walk much. She is being carried by Rafal in the backpack when the hike is long. Yet, sometimes she asks to walk by herself, because this makes her feel older… and because she likes to leave beautiful tracks of her feet on the ground.

Talking about camping they are also very different. For Rosa everything is perfect…. if it wasn’t because of insects, particularly mosquitoes. She has no problem in going to the toilets by herself on the dark, just hoping some lady will be there so she doesn’t have to stay alone in that place full of closed doors and curtains.

However. Ruben doesn’t want to even think about going by himself to the toilet. He doesn’t want to walk in the dark, and he feels very uncomfortable if he has to share the facilities with anybody else, excepting his father.  

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