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​Demasiado calor, y la bondad de los extraños — Too hot, and extrangers’ kindnes

La vuelta desde el cañón Peek-a-boo fue tan dura como parecía. Hacía muchísimo calor, y la cuesta arriba sobre la roca ardiendo resultaba demasiado dura para todos. Sobre todo para Rubén. 
En el primer descanso que hicimos, bebió la mitad de la última botella de agua que teníamos. Habiamos llevado sólo medio litro de agua por persona y, cuando nos “despistamos” buscando el segundo cañón ya nos dimos cuenta de que era insuficiente, así que empezamos a racionarlo. 

Terminamos el descanso, pero Rubén ya no quería seguir. Protestaba y se quejaba como siempre hace aunque acabe de levantarse de la cama, así que no le tomamos muy en serio y seguimos caminando. Pocos minutos después se volvió a parar, con arcadas, sudores fríos, mareos y la cara y los labios completamente pálidos: un golpe de calor. 

Su padre (que ya llevaba a Rebeka a la espalda) lo cogió en brazos y apretó el paso cuesta arriba porque “había visto a un hombre”. Por fin, me dio a la niña y aceleró todo lo que pudo, cargando al niño. Una vez en el comienzo de la ruta ya habia dado alcance a ese hombre el cual nos dio agua fría para todos y nos llevó en su todoterreno con el aire acondicionado a tope hasta nuestro coche. 

En pocos minutos, el niño estaba totalmente recuperado. ¡Menudo susto!.

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The way back from the Peek-a-boo canyon was as hard as we expected. It was terribly hot and the hike uphill on the burning rock was really demanding for all of us. Particularly for Ruben.

During the first stop we made he drank half of the last bottle of water we had. We had taken half a liter of water for each of us but, when we got “dissoriented” searching for the second canyon we realized we had way too few. 

We finished the brake, but Ruben complaint and said he doesn’t want to move. It sound as always, because he complains the same even if he just wake up from bed and is fresh and strong, so we didn’t pay too much attention and kept going. Few minutes later, he stopped again with nausea, cold sweating, pale face and dizziness. A heat stroke, we thougt. 

So his daddy, who was already carrying Rebeka, took him in his arms and walked faster because “he have seen a man up there”. Later on, I took Rebeka and Rafal run uphill carrying Ruben. When we arrived to the trailhead, Rafal and Ruben were already talking with the extrange, who gave us ice-cold water and took us to our car in his air-conditioned 4×4 car.

In few minutes the kid was feeling well again but, this was scary! 

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